martes, 15 de octubre de 2019

Puente

En un puente de Berlín la gente ya no pasa.
Se dice que al costado, con letra grande, todos grafitean sus últimas palabras.
Nadie sabe qué pasa con la gente después,
lo que si se sabe es que después de escribir, no se las vuelve a ver.
Se lee algún "te quiero" y algún que otro "perdón",
algunas ideas locas sobre Dios y el mandato del ser
se puede sentir la libertad y la desesperación, el miedo y la angustia.
Ya no pasa la gente de Berlín, pasan los extranjeros o algún olvidado, gente que no lee el idioma del destino o gente que se juega por la duda.
Pasa un auto cada tanto, sin problema, claro,
los autos no leen, tampoco escriben.
Pero el problema no es que los autos no escriban, es qué pasa después,
con la gente, digo
¿Será que realmente quiere? ¿Que realmente perdona?
Será que el agua, el aire, el viento, no les son suficientes,
¿Será que no saben, lo que pasa después de escribir?
o ¿será que escriben al propósito?
Hay que escribir para que pase, pero igual la gente ni siquiera pasa,
la gente no decide desaprender a escribir,
elige no pasar.
En un puente de Berlín nadie pasa, porque nadie sabe donde está Berlín.
Capaz no es Berlín, capaz es Dublín, o Praga, o alguna capital que nadie se acuerda.
O capaz no es un puente y la conexión de dos mundos, realmente, no existe.
Capaz nadie pasa. Ni por Berlín, ni por el puente, porque capaz nadie decide cuando pasar.
Capaz, el puente no existe, ni Berlín, ni Dublín, ni Praga.
Capaz la muerte existe en los que deciden creer que en ese puente están sus últimas palabras,
antes de cambiar para siempre,
de mundo
o de palabra.

-M.D.

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Cuatro, cinco. Ok, pensé, en algún momento va a tener que parar. Pero no fue así. El ascensor siguió subiendo, podía ver los números en la p...