Hasta acá, hasta la coma, hasta la idea. Hay que hacer un budín de
naranja. ¿Qué lleva un budín de naranja? La verdad no tengo idea, porque estoy
estudiando Letras no cocina. Pero supongamos que lleva harina, que se yo,
naranja ¿No?, levadura y todas esas cosas que llevan a decir "esto es un
budín de naranja".
En lo poco que tengo de carrera
siempre me pidieron budín de naranja, era mi trabajo descubrir qué llevaba el
budín. Algunas veces le puse harina (de más) y las ideas quedaron un poco
personales, o lo que los profesionales dirían: "asquerosas", me habré
sacado un cuatro como mucho. Alguna que otra vez probé batiendo demasiado y
quedó esponjoso de muchos conceptos que nadie comprendía pero que estaban en
libros viejos a los que todos les hacen caso; un asco, nadie lo comió, pero
todos lo aplaudieron. Una vez le puse un poco de chocolate ¡Mamita! si a esa
gente le pones un poco de gusto en la vida te escupen, ¡Aunque les guste eh!
Porque les pudo haber gustado el budín, pero darte la razón no les gusta para
nada.
¿Saben a qué conclusión llegué?
Primero, odio el budín de naranja, y segundo, todos odiamos el budín de
naranja. Porque, vamos a ser bastante sinceros, ¿A quién le gusta que le digan
que las cosas no son así? Ni hablar si es alguien que lleva repitiendo diez
años las mismas cosas.
Pero con el tiempo, le encontré
la fórmula, hay un libro viejo, muy viejo, viejísimo, que dice exactamente cómo
hacer un budín de naranja, las medidas justas, los tiempos, los momentos, la
cantidad de amor y hasta si hay que hablarle al horno antes de prenderlo. De
ahí me guío. No, no robo la receta, solamente la copio un poquito, porque me di
cuenta de que todos quieren que vayamos a ese recetario a pispear cómo
lo hacían los antiguos, los grandes, los viejos, o como a mí me gusta decirles,
los aburridos.
Ahora hago budín de naranja
para todos, y todos comen con seguridad de que en alguna receta vieja está
escrito como se hace. Igual, ojo cuando me reciba, a los que tengan que pasar
por mis manos, no les voy a decir qué cosas cambio cuando hago budín de
vainilla, porque a mí, me gusta que la gente se ingenie.