lunes, 11 de mayo de 2020

Ascensor

Cuatro, cinco. Ok, pensé, en algún momento va a tener que parar. Pero no fue así. El ascensor siguió subiendo, podía ver los números en la pantalla. Seis, siete, treinta, mil, ¿Mil pisos? Ni siquiera funciona el portero en este edificio.
 El número aumentaba y en mi mente el ascensor desbordaba el techo y viajaba a otra galaxia, ¿Qué se puede hacer desde tan alto? En cuestión de poco tiempo me puse a pensar que en el espacio no hay oxígeno,en que encima es infinito, en cuánto tiempo puedo pasar sin comer y en si dormir en ese piso iba a ser cómodo. Todo llevaba a la angustia.
Y mientras afuera nadie se enteraba de nada, yo quería gritar, quería abrazar a la gente, quería decirles a todos que no me iba a llevar bien con los marcianos porque ni siquiera puedo hacer que el gato me haga caso, tenía muchas dudas, y muchas certezas que no me servían para nada. 
Pero después de mucho pensar y reflexionar en que los ascensores no rompen techos ni viajan a otras galaxias, entendí que todo eso estaba en mí.
No estaba ahogada porque el ascensor fuese a parar a otro universo, estaba ahogada porque creía que así podía ser. Porque sin poder abrir la puerta los números cambiaban, el ascensor no se movía, no, el ascensor hacía creer a la gente que se movía, pero estaba siempre ahí, entre los pisos 5 y 6. Inexistente, en un lugar del que parece imposible salir y también imposible entrar.
El ascensor jugaba con la duda pero también con el silencio, primero porque no andaba el timbre de emergencia, y segundo porque cuando uno ve una realidad como propia la abraza con mucha fuerza.
Los ascensores no viajan a otras galaxias, la mente si.
Siempre hay una salida de emergencia.

-M.D.

Ascensor

Cuatro, cinco. Ok, pensé, en algún momento va a tener que parar. Pero no fue así. El ascensor siguió subiendo, podía ver los números en la p...