Una vez escuché dos personas, con unas cervezas de más, discutir sobre los copos de nieve. Suena raro. Pero la conversación se basaba en si creían o no en que cada copo de nieve en este mundo era completamente diferente. La primera de estas personas, lo creía (y lo afirmaba bastante), hablaba de efectos del cielo, cosas místicas y todos esos sinsentidos que uno empieza a soltar después de las 3 de la mañana con varias latas vacías. Decía que ya estaba previsto que con la naturaleza y el destino nadie se mete, o por lo menos a nadie le da el orgullo; pensaba que, de todas las cosas que no se podían descifrar en esta vida, el cielo era la peor y antes de meternos en la religión y hablar de como se produce la magia de la lluvia, escuchamos a la otra persona hablar. Un poco más segura, o a lo mejor un poco más lúcida, decía que no; que, primero, los copos de nieve no tenían que ver con el destino, y por otro lado no había manera de saber exactamente si algún copo de nieve en algún momento de la historia de este enorme mundo, se repetía. Dijo que juntar todos los copos del mundo, analizarlos y ponerlos en una base de datos era una tarea muy difícil, no valía la pena y ni siquiera tenía un buen fin, por lo tanto decir que ninguno se repite, era jugar con la lógica, y por más que era imposible demostrar ninguna de las dos posturas, la lógica era más fuerte que las cosas que pasan al azar.
La primera persona, un poco enojada, intentó explicar que si creíamos en todo lo que la ciencia decía, estaríamos dejando nuestra imaginación de lado, pensando cosas que la gente ya piensa. Ahí entendí. No estábamos hablando de copos de nieve, ni de lógica, ni siquiera estábamos completamente seguros de que los copos de nieve tengan forma. Estábamos hablando de personas, o mejor dicho, de rumbos.
Raramente, en toda la conversación pensé en eso, en como se relacionan estos copos de nieves (y ambas posturas), a las personas. Algunos creen, como en la segunda postura, que las personas (o copos de nieve), se repiten. Capaz no están seguros, pero afirman que si dejamos ir a alguien, en algún momento o lugar otra persona que nos transmita exactamente lo mismo aparece de la nada; y nos ayuda a superar todo y a creer de nuevo en el amor. Y aunque no haya mucha ciencia, es lógico, ¿No? Pensar que las personas se repiten, porque hay tantas en el mundo. La primera postura juega en contra, y dice que no hay dos personas (o copos de nieve) que se repitan. Eso creo yo, que la gente no se repite, y que no existen dos personas en este mundo que transmitan exactamente lo mismo, o nos hagan sentir exactamente iguales.
Pero después de hablar del destino, el cielo y discutir si Dios existe, la primera persona preguntó a la segunda qué haría si encuentra dos copos de nieve exactamente iguales. A lo que, muy tranquila, la segunda persona contestó que tendría que cambiar su teoría, pero no dejaría de pensar que el mundo es lógico. Creo que si yo encontrara dos copos exactamente iguales no me importarían las teorías, me importaría no perderlos. Capaz me falta un poco más de lógica, o al mundo le falta un poquito más de amor.
-Melanie, Deneka.
Raramente, en toda la conversación pensé en eso, en como se relacionan estos copos de nieves (y ambas posturas), a las personas. Algunos creen, como en la segunda postura, que las personas (o copos de nieve), se repiten. Capaz no están seguros, pero afirman que si dejamos ir a alguien, en algún momento o lugar otra persona que nos transmita exactamente lo mismo aparece de la nada; y nos ayuda a superar todo y a creer de nuevo en el amor. Y aunque no haya mucha ciencia, es lógico, ¿No? Pensar que las personas se repiten, porque hay tantas en el mundo. La primera postura juega en contra, y dice que no hay dos personas (o copos de nieve) que se repitan. Eso creo yo, que la gente no se repite, y que no existen dos personas en este mundo que transmitan exactamente lo mismo, o nos hagan sentir exactamente iguales.
Pero después de hablar del destino, el cielo y discutir si Dios existe, la primera persona preguntó a la segunda qué haría si encuentra dos copos de nieve exactamente iguales. A lo que, muy tranquila, la segunda persona contestó que tendría que cambiar su teoría, pero no dejaría de pensar que el mundo es lógico. Creo que si yo encontrara dos copos exactamente iguales no me importarían las teorías, me importaría no perderlos. Capaz me falta un poco más de lógica, o al mundo le falta un poquito más de amor.
-Melanie, Deneka.
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