Somos un poco tercos. Medimos la felicidad en cuan felices nos ven los demás.
Te hace feliz que tu ex te vea feliz, te hace feliz tener una casa enorme para que todos piensen que sos feliz, te hace feliz tener una cantidad de plata para que todos crean que por tener eso sos feliz.
Y es que nunca escuché a nadie decir que estaba absolutamente contento con su vida y no necesita más nada. Porque siempre queremos más. Tenemos una lista mental de como construir la felicidad, y capaz ni siquiera sabemos lo que es.
La felicidad no se mide. No hay un tope de momentos hermosos en la vida. Las cosas que realmente nos hacen felices se rompen, se van o se pierden; y es ese miedo a que se vayan, se pierdan o se rompan lo que nos transmite ganas de quedarnos para siempre.
Y si tener una casa enorme te hace feliz está bien, pero que te haga feliz a vos no al resto. Porque vos vas a vivir en la casa, no el resto; vos vas a ver todos los días la casa, no el resto; y cuando la casa se rompa, se vaya o se pierda te va a doler a vos no al resto. Y ahí es donde también juega el miedo. Uno piensa ¿Cómo se va a perder una casa? ¿Cómo se va a ir? Después de todo, es una casa. Pero no es una casa, es felicidad. Y la felicidad se va. Y cuando se va, a veces la sustituye la tristeza. Ahí miramos para atrás y nos quejamos de la tristeza rogando que la felicidad vuelva. Pero ya se fue, es tarde y hay que buscar otra felicidad. Hay que encontrar de nuevo el miedo a irse, perderse o romperse. Hay que tener miedo para tener el valor de entender que absolutamente todo lo que nos transmite felicidad también nos transmite miedo. Uno no puede estar seguro, y a la vez, completamente feliz, porque la seguridad de que las cosas nunca van a cambiar no nos transmiten amor, nos transmiten ganas de pensar que la seguridad es sinónimo de eternidad, ¿Será que la eternidad existe? Capaz también se va, se rompe o se pierde.
-Melanie.
-Melanie.