sábado, 27 de octubre de 2018

Felicidad

Las cosas que realmente nos hacen felices se rompen, se van o se pierden.
Somos un poco tercos. Medimos la felicidad en cuan felices nos ven los demás. 
Te hace feliz que tu ex te vea feliz, te hace feliz tener una casa enorme para que todos piensen que sos feliz, te hace feliz tener una cantidad de plata para que todos crean que por tener eso sos feliz.
Y es que nunca escuché a nadie decir que estaba absolutamente contento con su vida y no necesita más nada. Porque siempre queremos más. Tenemos una lista mental de como construir la felicidad, y capaz ni siquiera sabemos lo que es. 
La felicidad no se mide. No hay un tope de momentos hermosos en la vida. Las cosas que realmente nos hacen felices se rompen, se van o se pierden; y es ese miedo a que se vayan, se pierdan o se rompan lo que nos transmite ganas de quedarnos para siempre.
Y si tener una casa enorme te hace feliz está bien, pero que te haga feliz a vos no al resto. Porque vos vas a vivir en la casa, no el resto; vos vas a ver todos los días la casa, no el resto; y cuando la casa se rompa, se vaya o se pierda te va a doler a vos no al resto. Y ahí es donde también juega el miedo. Uno piensa ¿Cómo se va a perder una casa? ¿Cómo se va a ir? Después de todo, es una casa. Pero no es una casa, es felicidad. Y la felicidad se va. Y cuando se va, a veces la sustituye la tristeza. Ahí miramos para atrás y nos quejamos de la tristeza rogando que la felicidad vuelva. Pero ya se fue, es tarde y hay que buscar otra felicidad. Hay que encontrar de nuevo el miedo a irse, perderse o romperse. Hay que tener miedo para tener el valor de entender que absolutamente todo lo que nos transmite felicidad también nos transmite miedo. Uno no puede estar seguro, y a la vez, completamente feliz, porque la seguridad de que las cosas nunca van a cambiar no nos transmiten amor, nos transmiten ganas de pensar que la seguridad es sinónimo de eternidad, ¿Será que la eternidad existe? Capaz también se va, se rompe o se pierde.

-Melanie. 

viernes, 19 de octubre de 2018

¿Cómo se siente querer?

No vale enredarse porque yo te vi verla. 
Yo vi las veces que se te perdía la vista y que los ojos se te iban de las órbitas por concentrarte en su andar. ¿Así se siente?¿Querer? ¿Que te den ganas de mirarla todo el tiempo? Como si nada en el mundo valiera tanto la pena para despegarse, como si todo el universo conspirara para que la magia que fluye desde ella te altere todo el cuerpo ¿Así se siente? Se altera el corazón y late fuerte, las veces que sean necesarias como para ponerte nervioso, a veces el cuerpo entero tiembla y la mente te juega en contra haciéndote pensar que no hay nada más hermoso que sentir. 
¿Cómo se siente querer? ¿Es hermoso? ¿Asusta? ¿Alguien sabe? 
Yo te vi quererla. No sé como se siente. Pero te vi mirarla y te aseguro que eso es amor. Te vi embobado con su cintura y triste porque otro la tocaba, te vi discreto buscándola entre la gente, no sé para que, si la encontrabas sin querer pero en ningún momento le decías que la querías. Te vi triste por mirarla y no poder tenerla, o por tenerla y no poder mirarla de más.
Yo te vi, con ojos de amor, con ganas de guardarla en tus brazos y comerle el cuello a besos, con miedo a que te diga no pero nunca esperando que te diga si.
Yo te vi verla, y no importa que me digas que no, no importa que intentes esconder el miedo o llamar al orgullo, porque se quiere por los ojos y yo te vi. Tuviste miedo. Miedo de querer. O de que te quieran. ¿Alguien alguna vez te lastimó tanto como para no querer? ¿O es que no sabes querer? Se quiere por los ojos, porque nos da miedo que se cierren y no se vuelvan a abrir.

-Melanie Deneka. 

La (im)posibilidad de repetir

Una vez escuché dos personas, con unas cervezas de más, discutir sobre los copos de nieve. Suena raro. Pero la conversación se basaba en si creían o no en que cada copo de nieve en este mundo era completamente diferente. La primera de estas personas, lo creía (y lo afirmaba bastante), hablaba de efectos del cielo, cosas místicas y todos esos sinsentidos que uno empieza a soltar después de las 3 de la mañana con varias latas vacías. Decía que ya estaba previsto que con la naturaleza y el destino nadie se mete, o por lo menos a nadie le da el orgullo; pensaba que, de todas las cosas que no se podían descifrar en esta vida, el cielo era la peor y antes de meternos en la religión y hablar de como se produce la magia de la lluvia, escuchamos a la otra persona hablar. Un poco más segura, o a lo mejor un poco más lúcida, decía que no; que, primero, los copos de nieve no tenían que ver con el destino, y por otro lado no había manera de saber exactamente si algún copo de nieve en algún momento de la historia de este enorme mundo, se repetía. Dijo que juntar todos los copos del mundo, analizarlos y ponerlos en una base de datos era una tarea muy difícil, no valía la pena y ni siquiera tenía un buen fin, por lo tanto decir que ninguno se repite, era jugar con la lógica, y por más que era imposible demostrar ninguna de las dos posturas, la lógica era más fuerte que las cosas que pasan al azar.
La primera persona, un poco enojada, intentó explicar que si creíamos en todo lo que la ciencia decía, estaríamos dejando nuestra imaginación de lado, pensando cosas que la gente ya piensa. Ahí entendí. No estábamos hablando de copos de nieve, ni de lógica, ni siquiera estábamos completamente seguros de que los copos de nieve tengan forma. Estábamos hablando de personas, o mejor dicho, de rumbos.
Raramente, en toda la conversación pensé en eso, en como se relacionan estos copos de nieves (y ambas posturas), a las personas. Algunos creen, como en la segunda postura, que las personas (o copos de nieve), se repiten. Capaz no están seguros, pero afirman que si dejamos ir a alguien, en algún momento o lugar otra persona que nos transmita exactamente lo mismo aparece de la nada; y nos ayuda a superar todo y a creer de nuevo en el amor. Y aunque no haya mucha ciencia, es lógico, ¿No? Pensar que las personas se repiten, porque hay tantas en el mundo. La primera postura juega en contra, y dice que no hay dos personas (o copos de nieve) que se repitan. Eso creo yo, que la gente no se repite, y que no existen dos personas en este mundo que transmitan exactamente lo mismo, o nos hagan sentir exactamente iguales.
Pero después de hablar del destino, el cielo y discutir si Dios existe, la primera persona preguntó a la segunda qué haría si encuentra dos copos de nieve exactamente iguales. A lo que, muy tranquila, la segunda persona contestó que tendría que cambiar su teoría, pero no dejaría de pensar que el mundo es lógico. Creo que si yo encontrara dos copos exactamente iguales no me importarían las teorías, me importaría no perderlos. Capaz me falta un poco más de lógica, o al mundo le falta un poquito más de amor.

-Melanie, Deneka.

Común

Mi profesora dice que,en el teatro, nos da risa una acción cuando nos identificamos, de lo contrario, nos molestaría. Y capaz por eso a mucha gente le da risa cuando alguien más se burla de los gustos de las personas; porque, muy en el fondo, se identifica con burlarse de los demás por tener gustos distintos, por ser diferente, por salir de lo común. Yo pienso que les da miedo el hecho de aceptar que las diferencias existen, porque ven a la diferencia como atacante.
Al parecer, en este mundo donde perseguimos lo que todos quieren, salir del papel está mal, y te dicen cosas como "ojo, no es común". No sé si se refieren a que hay que ser común para estar "bien", o que el ojo común de la gente juzgándonos es una pauta para ser menos persona.
Capaz hay que ser menos común y más persona. Más amor. Menos ojo. Después de todo hay tantos amores correspondidos que derivan al psicólogo por escuchar a la sociedad, como sociedades que derivan amores por no ir al psicólogo.
Como si cuestionar el amor nos ayudara a parar la guerra.
Como si el amor se pudiera cuestionar.
Posiblemente, por si no lo notaron, estemos cuestionando lo incuestionable, en vez de centrarnos en que, eso que estamos cuestionando es lo único que (al final de todo) nos salva.

" En asuntos de amor, los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca." —Jacinto Benavente.

-Melanie, Deneka.

Ascensor

Cuatro, cinco. Ok, pensé, en algún momento va a tener que parar. Pero no fue así. El ascensor siguió subiendo, podía ver los números en la p...