Siento todo el tiempo olvido, como si todo el tiempo me
estuviese olvidando de algo, principalmente cuando salgo de mi casa, y aunque
parezca raro me genera angustia.
Dicen que el olvido está directamente relacionado con la
memoria y, en parte, con el perdón. Perdonar es olvidar todo aquello que nos
duele, o que alguna vez nos dolió. Para olvidar, primero hay que recordar. Para
verificar si me olvidé de cerrar la puerta tengo que, primero, acordarme. Y uno
intenta, en su poca memoria, acordarse de si cerró la puerta o no, pero vuelve
solamente para quedarse con la conciencia limpia.
Entonces, para olvidar, hay que tener buena memoria.
Hay un autor que afirma que el olvido y la memoria son
diferentes modos de apropiarse del pasado, de vivir en él, de hacerlo
importante, o en otras palabras, de no soltar.
Y quizá mi constante olvido está relacionado a que mi
memoria es muy buena, o mi perdón muy malo, de una forma u otra, vivo en el
pasado.
En mi cabeza suena alguna sensación de miedo, siento que
olvidar es dejar de luchar por algo que puede llegar a vibrar una vez más; pero
también quiero dejar de sentir olvido, capaz por miedo a olvidarme algo
importante por insistir a mi memoria, o capaz para darle más lugar al futuro
dejando de lado cosas que, hasta el día de hoy, me siguen restando.
Y suena (muy) loco pero las cosas que me generan olvido
también me hacen temblar. Como si alguna parte de mi mente me dijera que, en todo
lo magníficamente catastrófico, siempre hay algo de paz, aunque sea eso mismo
lo que me lleva a revisar dos veces si guardé las llaves en el bolsillo
izquierdo.
"Se llama memoria a la facultad de acordarse de aquello
que quisiéramos olvidar" - D. Géllin
-Melanie, Deneka.
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