Es hermosa. Pero se fue. Se fue rota a un mundo donde la gente golpea fuerte, y donde cambiar sale más barato de arreglar. Un mundo distraído que festeja lo nuevo y no lo renovable, que piensa con la belleza y no con la paz. Un mundo que gira sin vuelo y que cae mareado y rendido a lo que más fama produzca. Se fue caminando discreta y a nadie preguntó dirección, porque sabía que en este mundo todos quieren que la belleza se quede siempre cerca. Y no quería quedarse cerca, quería irse lo más cerca posible de la paz, sin importarle los años o daños, o las veces que lloró.
Se fue tentando a la suerte, con dolor de cabeza y un poco de horror. Con miedo a que la vida le cruce el destino y, enojado, la mande de nuevo a crecer. Porque siempre escuchó eso, que para seguir hay que crecer. Y no quería crecer, quería paz. Se fue cantando, como siempre cantó. Se fue llorando, como siempre lloró. Pero sola. No porque quería, sino porque hermosa y sola siempre fue su definición. Lástima que las definiciones la forman los adjetivos y no los verbos. Porque irse también era parte de su definición. Se fue sin saber que significa amor o felicidad. No porque no lo sepa, sino porque comprendió que absolutamente nadie sabe que significa, si es bueno o malo, o si en algún momento se deja de esperar. O de crecer. O de temer.
Y capaz se fue porque estaba cansada de quedarse, o porque estaba cansada de no quedarse donde quería, o tal vez (solamente tal vez), el lugar donde quería quedarse no le pertenecía, porque estaba sola. Se fue hermosa a un mundo catastrófico, pero se fue. Y a veces piensa que hermoso es irse, aunque con miedo cante y con orgullo llore, se va siempre. Porque todos los lugares en los que quería estar, no estaban en el mundo, estaban escondidos en alguna pequeña parte de su bella soledad.
-Melanie, Deneka.
-Melanie, Deneka.
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