Neutros. Tibios. Sin gracia. De esa clase de gente que te mira con los mismos ojos con los que te ignora. ¿No les duele, no sentir? ¿Sienten algo? Esas personas son las que te dicen que la empatía es monótona, las que no se quieren poner en los zapatos del otro, las que eligen mirar para el costado ante los problemas de la vida y esperar a que de golpe el mundo tire todo lo bueno encima de ellos.
Neutros. En un mundo dividido. En un mundo en el que hay que elegir entre un si o un no, entre un aceptar o un despreciar y en cosas tan sencillas como si desayunar o esperar al almuerzo, un día que te levantaste tarde.
Un día empiezan a asociar la vida con cosas como pensar que el color rosa es demasiado rosa o que la gente alta no debería usar zapatos de plataforma, con criticar los lugares del mundo donde hace calor o quejarse de no estar en un lugar del mundo con el que sueñan. Pero, para moverse sobre el mundo, hay que estar en el mundo, y en este mundo no se puede estar y ser neutral al mismo tiempo. No es una cuestión de bandos, se trata de vivir.
Además de no tener sentido, a esta gente le cae todo mal, que si las mujeres tienen que vestirse de tal forma, que no se hable de tal manera y que no se piense de tal otra. Son las clases de personas que critican todo en la vida, incluso el hecho de no tener suerte.
Neutro, la suerte solamente existe en este mundo; el mundo en el que vos, por ser tibio, te negas a existir.
Y todo lo que les pasa, no les pasa por pensar diferente, les pasa por no ponerle voz a las cosas que necesitan ser habladas.
Aunque pasen los años las cosas siguen cambiando, ellos siguen desayunando tarde, criticando a las mujeres y argumentando que nadie que mida más de un metro setenta puede usar plataforma. Nadie sabe porqué, pero lo que si sabe la gente es que este mundo no es suyo; porque el mundo es de las revoluciones que pasan mientras ellos, sentados, se quejan de que la suerte no llega.
-Melanie, Deneka.
viernes, 31 de agosto de 2018
domingo, 5 de agosto de 2018
Et deixo
Capaz la realidad no nos deja querer.
Y es que siento todo el tiempo que querés estar. Siento que a pesar de todas las cosas necesitas que la paz se vuelva amor, y cada tanto te vuelen la cabeza. A veces, se me cruza la idea de que necesitas alguien que de noche escuche tus mambos y cuando se levante prepare café, no mate.
Ahí empieza mi lío, no me gusta el café. Las personas reales toman café. Yo no tengo realidad.
No tengo una vida llena de lujos ni tampoco te puedo solucionar el problema de buscar un buen trabajo, no te doy un futuro estable ni mucho menos te prometo fidelidad eterna. No me gustan los hijos, todavía no sé si quiero, así como tampoco pienso que casarse es concretar el juntos para siempre. No me gustan los domingos en familia, no cocino tarta de manzana, ni soy la mina que podes festejar con tu viejo habértela ganado.
No soy real.
Pero porque no quiero.
Quiero metas y sueños, y la mayoría... no te soluciona la vida.
Mi mayor sueño es viajar, no para decir que viajé, sino para llenarme de magia de cada lugar del mundo. Quiero aprender a tocar la guitarra, a hablar catalán, y desde muy chiquita me enamora el tango, quiero aprender a bailar tango, por nada, simplemente por saber.
Pero todo eso, no te salva. No te sirve de nada hablar catalán en Argentina, ni aprender a bailar tango te va a dar el laburo de sentarte en una oficina todos los días a tomar café.
Entonces quiero que te quedes.
Con la vida que querés.
Con la vida que otra te da.
Con los hijos, y el perro, y la casa grande llena de fotos, con las peleas matrimoniales cotidianas y la nostalgia de no saber hablar catalán.
Pero quiero que te quedes no porque me haga bien, sino porque todo eso que querés no lo tengo. Lo único que me queda es un poco de fe en que cantando triste y bailando tango voy a cambiar el mundo. Y elijo que te quedes no irme, porque la frase "me voy" no es del todo correcta. Nunca decidí irme, nada más entendí que para que seas feliz tengo que dejar que te quedes en otro lugar que no sea en mí.
-Melanie, Deneka
Y es que siento todo el tiempo que querés estar. Siento que a pesar de todas las cosas necesitas que la paz se vuelva amor, y cada tanto te vuelen la cabeza. A veces, se me cruza la idea de que necesitas alguien que de noche escuche tus mambos y cuando se levante prepare café, no mate.
Ahí empieza mi lío, no me gusta el café. Las personas reales toman café. Yo no tengo realidad.
No tengo una vida llena de lujos ni tampoco te puedo solucionar el problema de buscar un buen trabajo, no te doy un futuro estable ni mucho menos te prometo fidelidad eterna. No me gustan los hijos, todavía no sé si quiero, así como tampoco pienso que casarse es concretar el juntos para siempre. No me gustan los domingos en familia, no cocino tarta de manzana, ni soy la mina que podes festejar con tu viejo habértela ganado.
No soy real.
Pero porque no quiero.
Quiero metas y sueños, y la mayoría... no te soluciona la vida.
Mi mayor sueño es viajar, no para decir que viajé, sino para llenarme de magia de cada lugar del mundo. Quiero aprender a tocar la guitarra, a hablar catalán, y desde muy chiquita me enamora el tango, quiero aprender a bailar tango, por nada, simplemente por saber.
Pero todo eso, no te salva. No te sirve de nada hablar catalán en Argentina, ni aprender a bailar tango te va a dar el laburo de sentarte en una oficina todos los días a tomar café.
Entonces quiero que te quedes.
Con la vida que querés.
Con la vida que otra te da.
Con los hijos, y el perro, y la casa grande llena de fotos, con las peleas matrimoniales cotidianas y la nostalgia de no saber hablar catalán.
Pero quiero que te quedes no porque me haga bien, sino porque todo eso que querés no lo tengo. Lo único que me queda es un poco de fe en que cantando triste y bailando tango voy a cambiar el mundo. Y elijo que te quedes no irme, porque la frase "me voy" no es del todo correcta. Nunca decidí irme, nada más entendí que para que seas feliz tengo que dejar que te quedes en otro lugar que no sea en mí.
-Melanie, Deneka
sábado, 4 de agosto de 2018
Se fue hermosa
Es hermosa. Pero se fue. Se fue rota a un mundo donde la gente golpea fuerte, y donde cambiar sale más barato de arreglar. Un mundo distraído que festeja lo nuevo y no lo renovable, que piensa con la belleza y no con la paz. Un mundo que gira sin vuelo y que cae mareado y rendido a lo que más fama produzca. Se fue caminando discreta y a nadie preguntó dirección, porque sabía que en este mundo todos quieren que la belleza se quede siempre cerca. Y no quería quedarse cerca, quería irse lo más cerca posible de la paz, sin importarle los años o daños, o las veces que lloró.
Se fue tentando a la suerte, con dolor de cabeza y un poco de horror. Con miedo a que la vida le cruce el destino y, enojado, la mande de nuevo a crecer. Porque siempre escuchó eso, que para seguir hay que crecer. Y no quería crecer, quería paz. Se fue cantando, como siempre cantó. Se fue llorando, como siempre lloró. Pero sola. No porque quería, sino porque hermosa y sola siempre fue su definición. Lástima que las definiciones la forman los adjetivos y no los verbos. Porque irse también era parte de su definición. Se fue sin saber que significa amor o felicidad. No porque no lo sepa, sino porque comprendió que absolutamente nadie sabe que significa, si es bueno o malo, o si en algún momento se deja de esperar. O de crecer. O de temer.
Y capaz se fue porque estaba cansada de quedarse, o porque estaba cansada de no quedarse donde quería, o tal vez (solamente tal vez), el lugar donde quería quedarse no le pertenecía, porque estaba sola. Se fue hermosa a un mundo catastrófico, pero se fue. Y a veces piensa que hermoso es irse, aunque con miedo cante y con orgullo llore, se va siempre. Porque todos los lugares en los que quería estar, no estaban en el mundo, estaban escondidos en alguna pequeña parte de su bella soledad.
-Melanie, Deneka.
-Melanie, Deneka.
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