Pensar en pesadillas me trae a la mente una mujer de vestido negro, largo, con un sombrero que le cubre toda la cara; sentada, en el borde del escritorio. La veo siempre que me despierto de golpe y la luz es muy tenue. Siempre está en el mismo lugar, parece desolada, como intentando escribir algo que no le sale, como llorando algo que nadie ve.
No podemos hablar porque cuando intento decirle algo no me contesta, tampoco se mueve mucho, pero me da la impresión de que en cualquier momento se puede tirar encima mío y hacerme cerrar los ojos con fuerza, para hacer como que nada existe. Donde hay oscuridad y silencio todos sentimos miedo, si, pero no es solo oscuridad y silencio, son muchas preguntas sin respuestas y un desconocimiento muy grande.
Primero creí que era un poco de ropa en la silla, la sombra del gato del vecino, esas cosas que siempre terminan siendo cuando uno prende la luz. Pero no, es una bruja, de esas que en las películas aparecen de repente cuando uno no se espera, en la oscuridad, y se van de golpe, nadie sabe donde.
Pasé por muchas facetas, pensé que no existía, después que existía y era amistosa, llegué a pensar que me podía matar mientras dormía, pero también que cuando amanecía dejaba de existir. Era una lucha constante, conmigo misma, porque nadie la veía excepto yo.
Pasó mucho tiempo hasta que me acostumbré a la idea de que no se iba a mover, pasó tanto tiempo que me acostumbré a verla, y se volvió una cosa más de esas que tengo guardadas en el ropero y no recuerdo, se hizo cotidiana, tanto que cuando no estaba la extrañaba un poco.
Ahora aparece muy de vez en cuando, yo no prendo la luz, sé que está ahí, pero también sé que no me puede hacer nada que no le permita. No puedo verle la cara pero en el fondo entiendo muy bien lo que intenta decirme cuando aparece: no puedo estar acá si no te doy miedo.
No sé, brujita, creo que con el tiempo uno se amiga con los miedos, aprende a vivir con ellos, y entiende que lo que más miedo nos da, está en nosotros. No te dije nada de esto porque no podemos hablar, lo que si podemos hacer es aprender a convivir entre las dos, que se yo, coordinamos los jueves y un tiempo determinado, cuando yo quiera, porque vos te crees muy viva, pero no sos vos la que aparece, soy yo, querida, la que te sueño.
-M.D.
martes, 4 de febrero de 2020
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